sábado, 1 de agosto de 2015

185 El delantal, el velo y el luto.

Vestimenta femenina

La forma de vestir, tanto del hombre como de la mujer, ha evolucionado con el paso del tiempo, y lo que ahora nos parece correcto y elegante, dentro de poco puede ser tachado de ridículo, raro o extravagante.
En esta nueva entrada os muestro algunas fotografías en las que aparecen mujeres de Villanueva del Rosario ataviadas como era costumbre en el pueblo hace algunas décadas. En ellas aparecen mocitas y personas mayores luciendo prendas, modelos o indumentarias que ahora nos resultarían chocantes.

1. El delantal.
No es que ahora la mujer no se ponga un delantal cuando está haciendo las labores domésticas, especialmente las de la cocina; es que por aquellos años, el delantal era una prenda con el que la mujer también salía a la calle. En todo caso, para no andar por la calle con manchas, las mujeres disponían de un delantal limpio, más cuidado y elegante para esas salidas.

Escena casera con delantal: matanza de pollos para preparar la carne con tomates del Día de la Virgen.
Carmen de Benede, Remedios, Antonio, Maribel, madre de Antonio, mi madre, Rosario y Consuelo.

Haciendo morcilla en el patio de la casa. Las mondongueras son María la de Bautista y la madre de los mellizos de Román.
(Rectifico: la de la derecha no es la mujer de Román; es su hermana Rosario, la que estaba casada con el guarda)

Tres mujeres con delantal afanadas en el aseo a mano de la acera.
Mujeres con delantal acompañando por los adoquines al párroco y a unos misioneros
que vinieron al pueblo allá por el año 1967. La del centro con delantal es la Consuelo de los tejeringos.

Mocita con las manos en los bolsillos del delantal acompañando a los novios.
Los novios son Verania y Pérez.


2. El velo
A la iglesia, los hombres no podían entrar con sombrero, gorra o boina; las mujeres, por el contrario, debían llevar la cabeza cubierta por un velo o pañuelo si no querían que el cura las expulsara del templo. Tampoco podían entrar con las mangas cortas. Todo este ritual era por respeto a un lugar sagrado.
Esta costumbre, como otras muchas relacionadas con los ritos religiosos, se ha ido perdiendo con el tiempo.
Después de la misa del domingo o del día de la Virgen, las mocitas daban un paseo por Los Adoquines, La Linde o la carretera.
Otro día hablaremos de los vestidos, faldas y rebecas que lucían las mujeres, prendas todas confeccionadas por las costureras y modistas locales.

Paseo, el Día de la Virgen, después de la misa en la parroquia y todavía con el velo de rigor.
Las mocitas son: Consuelo de Miguelillo, Emilia del guardamontes y mi hermana Remedios.
Recién salidas de misa y con el velo, paseando por la carretera: María, Herminia, Magdalena, María Josefa...

3. El luto
El dolor por la muerte de un familiar se mostraba exteriormente vistiendo de negro riguroso durante un tiempo que, dependiendo de la cercanía familiar del fallecido, podía ir desde el año hasta los siete. Para recordar a los difuntos se les decía una misa al mes, otra al año y finalmente otra pasados los cinco.
El luto lo sufrían más las mujeres; a los hombres les bastaba un brazalete negro en la manga, una cinta en el sombrero, corbata negra o un triangulito de este color en el pico del cuello de la camisa. Por el contrario, la vestimenta de la mujer con luto era negra desde los pies a la cabeza: alpargatas o zapatos, medias, falda o vestido, delantal, camisa, rebeca, toquilla o cariñosa, pañuelo o velo; todo el día de negro, hiciera frío o calor.
Durante los años de duelo, en la casa del difunto no se celebraban bodas, ni se ponía la radio, ni se encalaba la fachada. Como los lutos se iban encadenando, era rara la mujer que a partir de los cuarenta no vistiera de negro el resto de su vida.
Pasado el tiempo estipulado por la costumbre, el luto podía aliviarse mezclando tonos negros con blanco: nunca nada de color. La mujer que se quitara el luto o simplemente se pusiera una prenda de colores antes de tiempo, era criticada duramente por el vecindario; esta desfachatez se esgrimía como prueba evidente de que aquella persona se había olvidado demasiado pronto del familiar fallecido.

María y Adriana, elegantes pero de luto.

Araceli Perota, su madre y su tía, retratadas ante una pared blanca y el suelo empedrado, vestidas las tres de luto.

María y su hija Pepita, negro sobre blanco.

Mujeres con manos duras y encallecidas sobre delantales negros.
En la cabeza, el pañuelo también negro atado en un rodete.

Rosarito, la madre de Antonio el Rubio.
Encarna y su sobrino se saludan sonrientes.

1 comentario:

  1. Hola paisanos,que gran sorpresa me he llevado cuando he abierto el MURRE y la primera foto esta mi madre y la tulla con la familia tu madre que guapa ,cuanto le gustaba hacer delantares a mi madre. yo tengo unos cuantos bonito recuerdo ,por cierto los huso cocinando y en la segunda mi tía Maria en la cuarta mi hermano Antonio de monaguillo y las demás todas caras conocidas .Sobre lo del luto valla tradición con el tiempo se ha ido perdiendo pero aun mucha gente continua igual pero ya menos, después del luto el medio luto así no es tan brusco el cambio ,lo del velo era sagrado ,como ha cambiado las cosas afortunadamente.La ultima foto el mozo sonriente creo que es Hindalencio hermano de Minuto por cierto es uno de los pocos paisanos que vivimos en Sabadell .También Maria y Adriana la mujer de Dieguillo que vive en la calle de mi abuelo Juan Bautista.Muchas gracias Paquito por esta la entrega de este bloc eres Pedrines eso dice mucho un fuerte abrazo.Recibir un saludo de vuestro paisano hasta la próxima.

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