domingo, 29 de septiembre de 2013

67.- Conjuntos musicales

La afición por la música en Villanueva del Rosario viene de antiguo y prueba de ello es la existencia de una banda municipal, aunque su historia viene sufriendo altibajos desde su fundación hace casi un siglo. De este tema hablaremos en su momento.
Han surgido conjuntos cuyos componentes eran niños o jóvenes ansiosos por hacer música con el primer instrumento que los reyes o sus padres les regalaban. Y si no tenían instrumentos, como se ve en algunas fotos, la imaginación, unas cuerdas y mucho cartón suplían las carencias.
En la Escuela Municipal de Música se cultiva y anima en la actualidad esa afición e inquietud. Como testimonio de tiempos pasados, he aquí unas cuantas fotos en las que aparecen amantes y practicantes del arte de la melodía.


Tuna escolar con sus cintas, bandera y pandereta

La estudiantina, de la que ya hablamos, interpretando un pasacalles empedradas.

Vicente, Rodolfo, Cristóbal y Sebastián

Paquita, Manola, Amparo, Lola y Elisa haciendo la competencia al conjunto musical  Trío Carabela


The Timex, la vanguardia del rock en el Sauceo

El prestigioso conjunto Hondoneros en sus inicios

La orquestina Sauce Jazz, como se puede leer en el bombo, hacia 1950 en la puerta de Cine España.

Orquesta la Pera, el 25 de febrero de 1942.
Los componentes son, de izquierda a derecha, Enrique Vallejo, Heliodoro y Rafael Navas.

sábado, 21 de septiembre de 2013

66.- El Morrón de la Aguililla

A propósito del topónimo 'Morrón de la Aguililla', busqué morréon en el diccionario de la Real Academia y lo define como 'montecillo de tierra'. En el Vocabulario Andaluz de Alcalá Venceslada sí aparece morrón como 'montecillo de falda muy fina y cúspide cónica'. Nosotros, a esta formación característica de las montañas calizas le encontramos un gran parecido con una magdalena. En el perfil de la sierra, desde el pueblo se pueden observar más magdalenas, digo, morrones.
Si la sierra es el telón de fondo y de lujo del paisaje del pueblo, el contorno más familiar y peculiar de nuestro horizonte es el Morrón de la Aguililla. Los que hemos subido hasta él hemos gozado de una vista magnífica sobre todo el término municipal y sus alrededores. La ascensión por la 'Maera' no es difícil y hubo unos años en los que alguien subía y colocaba todos los veranos una bandera sobre su cima. Yo he subido, siempre acompañado, varias veces. En dos ocasiones la ascensión la hice (una vez con Hilario y Pepe el del Cele, y la otra con Tomás) por la cara norte, subiendo directamente por el Nacimiento; eso sí, el último tramo, el que culmina la subida, hay que hacerlo prácticamente escalando. Eran otros tiempos y uno era joven.
En cuanto nos alejamos del casco urbano, el perfil del Morrón se pierde y vemos que está rodeado por montañas y tajos mucho más altos.
Si alguna vez el pueblo decide tener su propia bandera, lo suyo sería resumir el paisaje que domina el pueblo con tres colores superpuestos: arriba el azul cielo; abajo el verde de los olivos; y en el centro el gris plata calizo de nuestras montañas. Rompiendo la línea que separa el gris del azul, se podría poner el perfil del Morrón de la Aguililla, que no aparece en el dibujo que yo propongo, en espera de que alguien más experto que yo en diseño informático lo incorpore. La bandera siempre estaría extendida y ondulante 'gracias' a este eterno solano que no quiere abandonarnos, ni en invierno ni en verano.



¿Puede ser esta nuestra bandera?









Creo que fue el año 1986 cuando subimos al Morrón de la Aguililla casi toda la familia: Eloísa, yo, Mónica, Eloísa hija, Manolo, Francisco, y nuestros sobrinos Mari Carmen, Javier, Joaquín, Estela y Samuel. Ascendimos por la cara sur, por la Maera, y aunque en la cima hacía bastante viento la excursión fue toda una experiencia.

















domingo, 15 de septiembre de 2013

65.- Los niños con los niños

Hasta la llegada de la EGB (Educación General Básica) a finales de los años sesenta, los niños y las niñas asistían a clase en aulas separadas, y los profesores que tenían eran mujeres para las niñas y hombres para los niños. Esta manía de separar por sexos venía propiciada e impulsada por la iglesia, siempre obsesionada por los pecados contra el sexto mandamiento y para evitar tentaciones. Todavía en la iglesia, al asistir a las funciones religiosas, las mujeres instintivamente se sientan a la izquierda y los hombres a la derecha, aunque esta costumbre se está relajando sin que la cosa haya ido a mayores.
En el pueblo los niños teníamos las clases en la parte de abajo del Grupo Escolar. Las niñas, ataviadas con un babero blanco y un lazo azul, subían a las clases de arriba. Durante el tiempo de recreo, los juegos de los niños eran distintos a los de la niñas: ellas jugaban al piso, a juego de la comba con una cuerda... Los de los niños eran el pilla-pilla, el salto de la mula, a las bolas, a la pelota... Hasta la enseñanza no era la misma arriba que abajo, porque a las niñas se les impartía ¡cómo no! lecciones prácticas de costura, bordado y otras labores propias de su condición de mujeres. (Si entráis a lo que era la galería de abajo del Grupo Escolar, ahora Velasco y Merino, veréis, junto a un sillón de maestro antiguo y un viejo armario, una máquina de coser de pie, la misma que durante años se utilizó para dar a las alumnas clases prácticas de costura a máquina.)
El caso es que no tenemos fotos de los niños y las niñas ni en clase ni en el recreo. Hemos conseguido algunas en las que aparecen en grupo junto a sus respectivos maestros o maestras.

Fotografía de los años treinta en la que se ve a doña Pepita junto a sus alumnas en el patio de la casa que servía de escuela. De las tres niñas del medio, la del centro es Carmen, la madre de Carlos María y Antonio Luis, los farmacéuticos.

En la puerta del colegio, que era la casa que había donde ahora está Unicaja.
Dos maestras, una de ellas doña Pepita, rodeadas de sus alumnas.

Un maestro en el patio del edificio del reloj, que servía de escuela.
El niño más bajito que está delante del maestro es Celedonio Vallejo, el marido de Josefita del pan.


Llega al colegio un político de la época escoltado por el alcalde, Rafael Castillo, y por el cura, José Mª Astorga.
Los niños a la izquierda y las niñas a la derecha los aplauden como si fueran futbolistas famosos.

Lo mismo a la vuelta. El chico de la derecha es Carlos Peláez, el de la gestoría.

A continuación os muestro varias fotografías con niños, niñas, maestros y maestras. No pongo nombres ni años para que os entretengáis adivinándolos vosotros.














Esta fotografía no es del pueblo pues se hizo en un colegio de Colmenar. Me la dio Virginia porque su padre, Juan Cano Díaz, es el niño con flequillo que aparece justo detrás del maestro.





Aquí sí hay chicos y chicas revueltos porque son alumnos de Enseñanza Media a quienes
les daban algunos maestros clases particulares.

Lo que ven es un grupo de niños y niñas disfrazados de chinos, negros, monjas, moros, curas, misioneros y hasta toreros, un día en el que pedían dinero para el Domund.

sábado, 7 de septiembre de 2013

64.- Convite, viaje y foto.

Al refrigerio, comida o banquete que daban los novios después de la ceremonia y que normalmente pagaba el padrino, los antiguos le daban un nombre muy bonito: regocijo. Mientras que en muchas bodas el regocijo se limitaba a una comida familiar, en los cortijos hubo celebraciones que duraban hasta tres días.
A mediados del siglo pasado se implantó la costumbre de dar un convite a familiares e invitados en uno de los pocos lugares amplios y acondicionados para recibir a bastante gente; el salón de baile del bar de Rafalito Julián.
He aquí una de las primeras fotos de bodas en dicho local; el que está de pie con chaleco es Rafalito, vigilante y atento.


Como se ve por las fotografías, hay más bebida que comida y los platos eran todos fríos, principalmente queso y embutidos. Al final no podían faltar el aguardiente y los mantecados.





Boda de Manolo y Anita

Manolo con familiares y amigos.

Boda de Gloria y Pepe




Boda de Joaquín y Rafalita

Foto de familia en la boda de Juan e Isabelita

Después de la boda, las parejas que podían se iban de viaje de novios durante unos días a lugares cercanos: Antequera, Málaga, Granada... Seguro que en muchas casas se guardan fotografías de los padres muy engalanados como recuerdo de aquel viaje de recién casados inolvidable. Y también guardadas como reliquias, las fotografías de nuestros padres, enmarcadas y colocadas en lugares preferentes.
Una precisión: hasta los años cuarenta, la novia llevaba siempre un traje oscuro y el velo blanco, y el novio traje negro de pana.  Lo de vestido de novia todo de blanco fue una moda que llegaría después.